
Muchos creen que la falta de flexibilidad es ocasionada simplemente por un músculo tenso, pero hay otros muchos factores, como la fascia, la cápsula articular, ¡pero también tu cerebro! Hagamos un repaso rápido de cada uno:
1. Problemas de Fascia
De manera simplificada, podemos decir que la fascia es una especie de envoltorio que rodea todos nuestros músculos, órganos, nervios y otras estructuras corporales. Se extiende por todo el cuerpo como una red tridimensional, de manera continua e ininterrumpida, con diferentes niveles y segmentos.
Afortunadamente, las cosas están cambiando y los estudiosos del movimiento humano están descubriendo la enorme importancia de la fascia. Hace mucho más que unir y proteger. Es un órgano sensorial rico, juega un papel estabilizador, interviene en cada movimiento, y tiene capacidad de contracción independiente de los músculos.
Un problema de flexibilidad no se debe a un músculo tenso, sino a adherencias o fijaciones entre las diferentes superficies (piel, fascia, nervios, músculo), evitando que se deslicen correctamente.
Si piensas en estas fijaciones como “nudos” en una cuerda, entenderás que el nudo no se deshace estirando esa cuerda, sino que requiere de otra técnica…
2. Las articulaciones
Muchos de los problemas que limitan nuestros movimientos y nuestra flexibilidad se producen en parte por una mala mecánica de las articulaciones.
La articulación está integrada en la cápsula articular, una membrana que engloba toda la articulación e impide que los huesos se desplacen en exceso. La cápsula articular, junto con los ligamentos, se encarga de asegurar el contacto entre las superficies articulares. También alberga el líquido sinovial, nuestro aceite lubricante. Cuando mantenemos posiciones incorrectas durante mucho tiempo esta cápsula articular se tensa, restringiendo el movimiento.
Pongamos un ejemplo concreto y típico: Postura típica delante del ordenador: hace que nuestros hombros estén rotados hacia delante, estirando (y debilitando) la musculatura posterior, a la vez que se tensa la musculatura frontal (como el pectoral menor). Estirar el pectoral menor y fortalecer la musculatura posterior sin duda va a ayudar, pero es una solución parcial si no colocamos el hombro en su posición adecuada dentro de la cápsula articular. Y para modificar la cápsula articular, debemos “crear espacio” dentro de la misma, otorgándole mayor movilidad
3. Problemas neuromusculares
Muchas veces lo que percibimos como rigidez es un mecanismo de protección de tu cerebro. Es el famoso reflejo de estiramiento, al que podemos “engañar” con diversas técnicas.

